Teléfono: 921 435 648

Blog

El médico tras la verdad

El médico tras la verdad (8)

La terapéutica del cáncer se encuentra en un punto de inflexión. Hasta ahora el abordaje de los tumores ya declarados consiste en extirparlos quirúrgicamente, cuando son operables, o en administrar radioterapia o quimioterapia, bien solas, bien de manera conjunta o como complemento a la cirugía. Puesto que según la epidemiología, una de cada tres personas padecerá un cáncer a lo largo de su vida, le ha tocado la lotería si le cae un tumor de los que se curan sólo con operar.

Pero si todo problema oncológico se resolviese únicamente con cirugía, los especialistas en oncología médica y oncología radioterápica estarían de brazos cruzados. Y lo que es más alarmante, la poderosa industria farmacéutica, que consigue gran parte de sus beneficios con la fabricación de fármacos quimioterápicos, sufriría grandes pérdidas. Por ello hay que potenciar desde el punto de vista de la investigación los estudios que "demuestren" los beneficios de la quimioterapia y la radioterapia sobre los tumores. Actualmente, ya no son fármacos quimioterápicos llamados citostáticos (que alteran o modifican el ciclo celular) los que más se prodigan sino modernos anticuerpos monoclonales que presuntamente intervienen en distintos puntos de la biología celular, bloqueando o inhibiendo la expresión de factores formadores de vasos sanguíneos u otros procesos que se estiman vitales para el desarrollo de los tumores. Por lo menos, así nos los presentan. Y el precio de estos modernos fármacos antitumores, los llamados anticuerpos monoclonales, no son en absoluto baratos.

Sí, no es una errata. Ayer tuve ocasión de acudir a una conferencia del cardiólogo Valentín Fuster que ha desarrollado gran parte de su investigación sobre el síndrome coronario en Estados Unidos. Fue un placer oírle hablar de algo que conoce como muy pocos pero además con gran sentido común y clara mentalidad investigadora y práctica. Me llamaron la atención varias cosas que intentaré resumir.

Durante dos años ha reclutado más de seis mil pacientes para aplicar sobre ellos hasta siete exploraciones cardiológicas no invasivas tratando de descubrir quién tiene un riesgo silente de desarrollar un infarto de miocardio. Para conseguir ese número de pacientes en este tiempo, no llamaron a los pacientes a los hospitales sino que se habilitó un enorme remolque de camión americano que portaba el equipamiento necesario, hasta una resonancia magnética. Se trataba, pues, de una gran unidad móvil de exploración cardiológica, algo así como los dispositivos ambulantes para hacer mamografías pero más sofisticado. Con ello consiguió adherencia de los pacientes para hacerse las pruebas, una tras otra y redujo los costes de la investigación a unos 30 millones de dólares (que ya es dinero, pero que de no haberlo hecho así el coste hubiese sido mayor y el estudio más prolongado en el tiempo).

Martes, 25 Septiembre 2012 22:29

Querer curar el cáncer

Escrito por

El cáncer es un término genérico que se aplica a un grupo de enfermedades que se caracterizan por la proliferación anómala, desordenada y descontrolada de un conjunto de células. Sobre su origen, por qué se producen, sabemos algunas cosas e ignoramos muchas más. Se han invocado la acción de sustancias tóxicas exógenas, sobre todo el humo del tabaco, abuso de alcohol, alimentos grasos, algunos colorantes o aislantes, derivados del benceno,... pero también fármacos, radiaciones ionizantes, agentes infecciosos. Y cómo no, una especial vulnerabilidad del individuo que lo padece avalado por la genética que determina mutaciones en los sistemas de control de la replicación celular o en la reparación de los genes dañados. Se diría, pues, que de la interacción -puntual o continuada- de una sustancia tóxica con las barreras defensivas del individuo se da o no se da el desarrollo de un cáncer. Importa, por lo tanto, tanto la agresividad del agente extraño para producir un cáncer como la resistencia del individuo para evitar tal desarrollo. Este esquema general rige, mutatis mutandis, para la instauración de enfermedades infecciosas.

Jueves, 30 Agosto 2012 21:41

Presentación: Continuar en la brecha

Escrito por

Cuando hace ya más de siete años escribía el opúsculo que abre este blog, poco podía imaginar qué pronto me quedaría tan lejos de mis originales sospechas. La ciencia ha avanzado y avanza a un ritmo mucho más vertiginoso de lo que preveía… en la dirección equivocada. Todos los ámbitos de la ciencia están tocados de un feroz mercantilismo hasta el punto de que nada debe leerse sin intentar ver detrás los intereses comerciales que esconde la noticia. Desde el comienzo de la era Internet se ha consolidado que la información es poder. Disponer de los medios de comunicación puede ser la herramienta más poderosa para manejar la humanidad. Si de emplean en la línea deseada, sirven para generar corrientes de opinión de las que “sientan cátedra”, y oponerse a la versión que todos los medios vociferan es tarea inútil. La sociedad actual hace años que ha claudicado en el debate sobre si existe una verdad, o siquiera, si algo es más cierto que otra cosa. Al fin y a la postre, el que defiende que existe una verdad es sospechoso de totalitario pues nuestro tiempo es ecléctico y el vulgo se apunta a eso de que la verdad es relativa.

Nos habíamos malacostumbrado. Esta generación (podemos estimar "generación" como lo que dista de los padres a los hijos, unos treinta años) ha vivido al amparo de un Estado que ha facilitado la atención sanitaria universal y gratuita. La Ley General de Sanidad (LGS) de 1986 fue acaso su vértice, el momento en el que se explicita ese derecho que ya se venía percibiendo desde los últimos años del anterior régimen. Pero también la LGS abría la puerta a lo que ha sido el declive de este derecho: la descentración de la sanidad y el reparto de competencias a las diferentes comunidades autónomas. Completadas estas transferencias en 2000 se abrió la puerta a una gestión regional que ha disparado las tasas de ineficiencia y de desigualdad de trato.

Cuando uno vive inmerso en una manera de hacer las cosas que es relativamente cómoda, le resulta difícil plantearse que puedan ser de otra manera. Por eso tendemos a escandalizarnos cuando comparamos nuestro modelo sanitario con otras formas de organizar la sanidad por otros países o en otros tiempos. Mismamente en España hace un siglo el que enfermaba tenía que pagar su médico y su tratamiento, si tenía para ello. La beneficiencia estaba inventada (casa de socorro, de maternidad, de misericordia o centros nosocomiales de convalecientes) pero su actividad era escasa en el conjunto social. Durante los últimos decenios en este país la atención sanitaria pública ha sido universal y gratuita, con una elevada cualificación profesional y unos recursos materiales que suponía que el 20-25% del producto interior bruto (PIB) se destinaba a gasto social. En los países de nuestro entorno este porcentaje ha sido incluso mayor, dando fe de la importancia que tiene para los estados modernos velar por los bienes sociales, y la salud es uno de ellos.

Las nuevas formas de acercarse al público cuando se habla de salud difieren mucho de las que se empleaban hace tan sólo unas décadas. Con la popularización del conocimiento, el acceso a numerosa información, ya no tiene interés hablar de enfermedades concretas tal y como las estudiamos en la carrera de medicina (una pedagogía que, por cierto, también tiene que cambiar si quiere sobrevivir). Aunque todavía empleamos impactantes titulares para atraer la atención como "España anduvo cerca de los 42000 casos nuevos de cáncer de colon en 2017" lo cierto es que el desarrollo posterior de la noticia no ha de ir enfocada a explicar la fisiopatología del cáncer, los nuevos tratamientos o el valor de las colonoscopias para su detección precoz, pues al fin y a la postre esto son cuestiones que propiamente atañen a los médicos, ahí los pacientes tienen poco que hacer.

Tras un titular impactante ha de ir una serie de consejos útiles y prácticos que el lector pueda llevar a cabo para prevenir algo malo o favorecer algo bueno. Y sobre todo, tras el jarro de agua fría del dato desgarrador, un mensaje positivo de "¡tú puedes!", "¡está en tu mano!", "¡gana la partida!", "¡tómate ventajas!". Digamos que el resto de la noticia ha de erradicar palabras con connotación negativa o de esas que no gusta oír. Porque lo que triunfa es siempre regalar los oídos de los que nos escuchan.

La mayoría de los médicos asistenciales que actualmente ejercen en España hemos pasado durante un periodo más o menos largo prestando nuestros servicios en la red pública. El sistema MIR (Médico Interno Residente) ha servido para formar médicos especialista durante los últimos treinta años. Y aunque sólo haya sido durante este periodo, que oscilaba entre tres y cinco años, hemos aprendido a hacer las cosas conforme nuestros veteranos colegas nos enseñaban. Después, una vez obtenido el título de especialista, unos seguían en el sistema público como médicos adjuntos, con plaza en propiedad si superaban alguna de las escasas oposiciones que se celebraban, o bien como interinos, sujetos a renovaciones de contratos. Otros optaban por la medicina privada que ya compaginaban los adjuntos mayores, a veces como único camino porque no quedaban plazas para ejercer en el sistema público.

Mirando unos antiguos jeroglíficos egipcios me percaté de un hecho que llamó mi atención hasta el punto de que descargué más y más imágenes de jeroglíficos para cerciorarme. Entre todas las imágenes había centrado mi atención en las figuras humanas y vi que ninguna de ellas llevaba gafas. Enseguida supe que entre los egipcios de hace cuatro mil años no había alteraciones en la refracción de la vista, eran emétropes y no necesitaban lentes para ver bien. De hecho, siendo una civilización capaz de construir pirámides, construcciones inexplicables actualmente con la tecnología moderna, es impensable que no hubiesen sido capaces de hacer unas simples gafas de haberlas necesitado. Partiendo de este hecho irrefutable de que no constan personajes con gafas en el antiguo Egipto, nos preguntamos cuándo comenzaron los seres humanos a necesitar gafas. Las primeras lentes graduadas de las que tenemos constancia (fuera de los anecdóticos cristales de colores que ocasionalmente utilizaba Nerón) son originarias de Venecia y Florencia allá por el siglo XIII, si bien parece que ya en China se pulían lentes para monturas desde el siglo X. Comenzamos a tener noticia, por tanto, de personas que necesitaban dispositivos para corregir el enfoque natural de su vista en los tiempos anteriores a la imprenta, al final de la Edad Media. Aunque antiparras y quevedos ya se empezaron a ver (sólo entre la gente que sabía leer, que no eran muchos) su verdadero incremento surgió pocos años después del descubrimiento de América. Precisamente fue este hecho, junto con el encuentro de los alimentos que en Europa no se conocían (pimiento, patata, tomate,...) el que dirigió mis sospechas hacia la importancia de la alimentación en el alarmante incremento de necesidad de llevar gafas para corregir problemas de visión. Como este incremento fue mayor a partir de la mitad del siglo XIX, coincidiendo con una mayor popularización del consumo de tomate (costó que la sociedad viese en el tomate algo diferente a una manzana pocha), sospecho que el incremento alarmante de miopes e hipermétropes es culpa del tomate. Incluso he podido corroborar que una importante empresa de fabricación de gafas y lentes de contacto está promoviendo el consumo de tomate porque dicen que es bueno para la vista. Seguramente porque a ellos bien les va el negocio si convencemos a todo el mundo de que consuman algo tan perjudicial para la vista como es el tomate.

Sobre ClinicaBDB

El Dr. Luis Miguel Benito es un experto en el Aparato Digestivo y en Endoscopia en el Centro Digestivo Médico Quirúrgica (Madrid). Además, ejerce en su propia clínica: Clínica Dr. Benito de Benito. En los últimos 15 años, ha realizado más de 25.000 endoscopias digestivas. Es colaborador en foros médicos de radio y televisión y en las redes sociales; autor de publicaciones científicas y de un blog médico que cuentas con más de 20.000 visitas al mes.

Copyright ©2017 Digestivo Segovia S.L.P. - Clínica Dr. Benito de Benito - Paseo Ezequiel González, 30 - 40002, Segovia - Tlf. 921 435 648 - Ver ubicación google
Horario de atención continua de 8:30 a 20:30 horas, de lunes a viernes, excepto festivos.
Las consultas con los médicos, especialistas y Psicólogo Clínico requieren CITA PREVIA.

CLINICABDB.COM

Buscar